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Rony

Rony se comió los airbags del carro

Amparo nos cuenta que cuando no se consiguen repuestos de un vehículo asegurado, o cuestan mucho dinero, puede aplicar la pérdida total.

Durante la temporada de vacaciones de mitad de año decidí viajar con mi familia por tierra a Cartagena. Y claro, con la compañía de Rony, el perrito. De regreso, inesperadamente se encendió el testigo del airbag en el tablero.

No me detuve, pues el carro, una SUV modelo 2008, estaba andando bien, pero cuando llegamos a casa revisé el interior vehículo y encontré que debajo de la silla del copiloto había cables mordisqueados y un líquido derramado. Mirando con cuidado, encontré que el mazo de cables del airbag y sus sensores estaba completamente destruido producto de la ansiedad de Rony.

Al día siguiente fui al concesionario donde desmontaron la silla y encontraron que el líquido derramado provenía de la perforación de la manguera del sensor de peso de la silla del copiloto, que activa o desactiva el airbag en función de la masa de la persona.

Intentamos cotizar tanto el mazo de cables como el sensor, pero no se consiguió en Colombia, tampoco en Estados Unidos y ni en la casa matriz. Yo por mi parte intenté buscarlo por internet, pero fue infructuoso.

En consecuencia, en el concesionario me recomendaron acudiera a la aseguradora, y luego del peritaje, esta aceptó reclamar la pérdida total del vehículo porque, por una parte, el repuesto no se conseguía, y por otra, era muy inseguro usar el vehículo con la incertidumbre de que, en caso de un choque frontal, no dispararan los airbags.

Así lo hice, con la buena noticia de que en menos de 30 días la aseguradora me indemnizó por el valor del vehículo según la Guía de Valores de Fasecolda.

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