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Mi vehículo en las fauces de un roedor

La póliza de seguros de automóviles “todo riesgo” vigente protege al suscriptor de eventualidades impensables, pero que con frecuencia suceden.

Juan decidió quedarse en casa todo el fin de semana ya que no quería sufrir los embotellamientos en las salidas de la ciudad. El lunes bajó al garaje para ir al trabajo y se encontró con que su vehículo no prendía.

Juan se encontraba extrañado pues no entendía el porqué de la falla. Así, fue al trabajo en transporte público; cuando volvió, hizo una breve revisión y concluyó que no era por culpa de la batería.

Entonces, llamó a su aseguradora para que le enviara el servicio de asistencia. Luego de una revisión, el experto de la compañía de seguros encontró que el cableado del motor estaba roído, aparentemente por ratones.

Al día siguiente, una grúa se llevó el vehículo para que el taller de la aseguradora realizara la valoración de los daños. Luego de las revisiones pertinentes y de la estimación de los costos, se encontró que el valor superaba el 70% del precio del vehículo, razón por la cual se determinó que el tenía una pérdida de mayor cuantía.

La compañía comunicó a Juan los resultados del peritaje y le propusieron una indemnización con el valor que aparece en la Guía de Valores de Fasecolda.

Juan está de acuerdo con la propuesta y agradece haber tenido vigente su póliza de seguro todo riesgo de automóviles vigente, de lo contrario, hubiese perdido su vehículo o habría tenido que sacar de sus ahorros para poder repararlo.

Unas semanas después utiliza el dinero de la indemnización más un poco de sus ahorros para comprar un vehículo de características similares al que tenía.

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