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¡Huy, qué susto hacer ese favor!

El hurto de vehículos es un fenómeno que aqueja en todos los países y por eso hay que proteger el patrimonio mediante una póliza de seguros.

Salvador es una persona colaboradora, difícilmente diría no a un favor a menos que en realidad no lo pudiera hacer. Hace cuatro meses, los suegros les pidieron a él y a su esposa el favor de llevar unas joyas del apartamento a la casa de verano, a un par de horas de la ciudad.

El favor lo habían pedido entre semana, pero a Salvador le quedaba muy difícil ausentarse del trabajo, ir por las joyas, viajar fuera de la ciudad, llevarlas y regresar, por lo que se comprometió al domingo muy temprano.

Así, el sábado, fueron a recoger las joyas al apartamento de los suegros y luego alistarlas para salir muy temprano al día siguiente. Salieron a las 5 de la mañana, llegaron donde los suegros a las 7, quienes los recibieron con un gran desayuno. Después de saludarlos y entregarles las joyas, su esposa prefirió quedarse y Salvador emprendió el regreso solo porque no quería atascarse en el tráfico.

Ya casi eran las 11 de la mañana y solo le faltaban 10 kilómetros para entrar a la ciudad, cuando lo alcanzaron dos camionetas, lo abordaron, lo hicieron frenar y lo hicieron bajar del vehículo con arma de fuego. En menos de un minuto le hurtaron su vehículo… para su fortuna, el celular lo tenía en el bolsillo y llamó inmediatamente a las autoridades para reportar el hecho. Asimismo, llamó a la compañía de seguros para que le enviaran un equipo de asistencia. Al poco tiempo, presentó la información correspondiente de lo sucedido y lo llevaron a su hogar.

Salvador estaba muy triste y preocupado porque se había quedado sin su carro, pero luego de dos días la aseguradora lo llamó a informarle que las autoridades lo habían recuperado en un municipio cercano a la ciudad, abandonado en un potrero, hecho que lo alegró mucho y le retornó la tranquilidad.

También le informaron que el vehículo se encontraba desvalijado, sin algunas piezas. Por tal motivo, la compañía requería de su aprobación para iniciar el proceso de reparación, ya que tenían que importar los repuestos faltantes, instalarlos y así luego entregárselo. Sin dudarlo, Salvador les dijo: ¡adelante!

Luego de dos meses le entregaron el vehículo a Salvador quien, a pesar de su cansancio de volver a andar en el transporte público de la ciudad, había quedado muy satisfecho con el trabajo realizado por la aseguradora. En sus reflexiones pensaba que sin el seguro hubiera tenido que realizar y acompañar todo el proceso de recuperación del vehículo y utilizar parte de sus ahorros para las reparaciones.

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