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Granizada

Granizos que parecen rocas

Amparo nos cuenta la historia de Juan y su suerte de quedar atrapado bajo una fuerte granizada, pero con la protección de una póliza.

Era una mañana de domingo soleada y picante en la que en el horizonte se veía una nube con un color oscuro intenso, es decir, de lluvia. Juan había quedado con su esposa de recoger a sus suegros a las 3 de la tarde, luego de que fueran a un compromiso.

Juan, como de costumbre, esa mañana salió a la ciclovía; al mediodía, ya la nube oscura se asomaba sobre el sector de su residencia. Una vez terminada la jornada de recreativa de la ciudad, Juan decide salir para llegar a tiempo por los suegros.

Cuando llegó, empezaron a caer unas gotas gruesas: afortunadamente, sus suegros cargaban un paraguas y alcanzaron a subirse al carro. Pero justo cuando Juan iba emprender la marcha, llegó una fuerte granizada por la que tuvieron que esperar poco más de 30 minutos, allí bajo la tormenta.

El ruido a bordo era fuerte y alcanzó a inquietarlos, pero se tranquilizaron al agradecer que estaban escampando bajo techo, así fuera el del carro. Luego de que escampara, cumplió con su deber de llevar a los suegros a su casa, y fue a casa a descansar.

Al día siguiente va al trabajo y, cuando parquea en la oficina, un compañero le pregunta si había estado de pelea con el carro... este le señala capó y techo del vehículo y las múltiples abolladuras, como si le hubieran caído canicas desde lo alto.

Juan le cuenta que el único evento raro que se pudiese relacionar con el estado del vehículo correspondía a la fuerte granizada en la que quedó atrapado con sus suegros durante media hora. Frente a la preocupación de Juan, su compañero le recomienda que se comunique con la aseguradora.

Así, esta envía un experto para realizar las valoraciones respectivas. Le informan que es necesario cambiar el techo y el capó por lo que Juan decide hacer uso de la póliza.

Un par de semanas después el taller le entrega el vehículo. Juan queda muy satisfecho porque nuevamente tiene su vehículo a disposición, techo y capó quedaron como nuevos y su suegro tuvo el muy especial detalle de ayudar con el pago del deducible.

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